Los diamantes de Teresita

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“Los antiguos griegos y romanos creían que los diamantes eran lágrimas de los dioses o esquirlas de estrellas fugaces. Eran muchos quienes en la antigüedad consideraban que los diamantes y otras piedras preciosas podían traer buena fortuna y éxito, pero también contrarrestar de algún modo los efectos del destino y los acontecimientos astrológicos. Platón llegó incluso a escribir sobre los diamantes como entidades vivas que encerraban espíritus celestiales. A lo largo de los siglos, los diamantes fueron adoptando un papel casi de talismán, no ya como joyas en el sentido moderno, sino como amuletos que transmitían poder y protección. O, por el contrario, como en el caso de la mayor parte de los grandes diamantes famosos que existen en el mundo, como símbolos que traían la desgracia a su propietario. Al igual que las estrellas, las piedras preciosas fijan una ubicación y son testigos del tiempo. un diamante es, en un sentido estricto, el fragmento de un lugar, extraído con mucho esfuerzo de las entrañas de la tierra por el ser humano, como una especie de versión terrestre de una estrella, un punto portátil de luz brillante”.

(Teresita Fernandez, Escritura nocturna, revista Granta)

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